Cuando Ricardo de la Vega y Tomás Bretón estrenaron en 1894 «La verbena de la paloma», qué ajenos estarÃan a que lo de «Hoy las ciencias avanzan que es una barbaridad» —referido naturalmente a lo que habÃan avanzado hasta entonces—, se iba a quedar a la altura de un escarabajo cebollero comparado con lo que adelantarÃan un siglo después.Vamos, que si lo hubiesen sabido, patidifusos se habrÃan quedado, porque fÃjense la de cosas que los de mi generación hemos visto: un tren que une Sevilla con Madrid en dos horas y poco; gente a la que en el quirófano le cambian la chistorra por una vieira; un dedo mágico que convierte miembras en ministras; miembros de señores de 80 años que se ponen que les corren ratas tan sólo con tomarse una pastillita, o señoras que se quedan embarazadas de un jeringazo. Una cosa.
Y estoy escribiendo de inventos y descubrimientos, porque hace pocos dÃas he visto en televisión una noticia que me ha dejado pasmado y sobre la que no he podido resistirme a reflexionar: este verano llega a España la «Priligy», una pÃldora contra la eyaculación precoz, eso que le pasa, según los expertos, a 3 de cada 10 españoles y consiste en que a la primera embestida, ¡hala!, las cabras al corral, sin que la parienta haya tenido tiempo siquiera de terminar la frase «corazón mÃo, qué ganas tenÃa», porque se queda antes del «ganas tenÃa» y de ahà no pasa. Bueno, sà pasa; pasa que coge el cabreo normal y correspondiente.
Pero de todas formas, mi pasmo no lo produce el invento, no; viene de lo que un cientÃfico con bata blanca explicó sobre el asunto, y que les traslado por si no tuvieron ocasión de verlo: la pÃldora en cuestión sale a unos 15 euros cada una y debe ser prescrita por un médico, porque tiene contraindicaciones; hay que tomarla 90 minutos antes de echar la carboná, por lo que ésta se convierte casi como en ir a pasar la ITV, que es a hora fija, y exactamente a la que sea debes tener el cacharro preparado y a punto; y ya, para remate de los tomates, que se considera que tiene eyaculación precoz el que tarda 2 minutos entre la estocada y que el toro se eche, y con la «Priligy» de los cojinetes, ese tiempo se verá alargado ¡hasta los 4 minutos!, con lo que según lo veo yo, la parienta ya no se quedará antes del «ganas tenÃa», sino que le dará tiempo a decirlo, e incluso añadir «y sigo teniendo, porque vaya mierda de pÃldora que te has tomado». Vamos, como aquel que de nombre se llamaba José Boñiga, fue al Registro Civil a cambiárselo porque no le gustaba, y cuando el funcionario le dijo que era lógico y que cómo querÃa ponerse, le aclaró: Juan Boñiga, que queda mejor.
Edit. http://www.abcdesevilla.es
