Es sobre todo una vocación y algo innato, aunque todos tenemos cierto espíritu de inventores. Aunque pueda pensarse que se trata de una profesión más propia de tiempos pasados que del siglo XXI, todavía son muchos los inventores que trabajan diariamente para hacernos la vida más cómoda y en general más accesible al resto de ciudadanos del mundo. Atrás quedó la imagen que nos muestra las películas de la figura del inventor como una persona con una dedicación cercana a la de un científico, raro, erudito y algo alocado. El inventor hoy en día es una persona de la calle.
Sin embargo, no resulta nada fácil elaborar una creación que, como la fregona o el chupa-chups, por poner sólo algunos ejemplos, sea reconocida a nivel mundial y se convierta en indispensable. Aunque no tengan repercusión en un ámbito tan extenso, son muchos los inventos que se están creando cada día y que buscan su hueco en el mercado.
Muchos de ellos se encuentran agrupados dentro de la Asociación de Inventores ‘Reino de León’, que cuenta con un centenar de socios y que se ha convertido en la única de sus características en España.
La asociación surgió a raíz de las propuestas realizadas por los inventores, que se sentían indefensos ante las empresas y que vieron necesaria la creación de un organismo que les amparase, sobre todo a la hora de comercializar su invento. La asociación, sin ánimo de lucro, surgió con 15 socios y, cinco años después, ya cuenta con más de un centenar. Se encuentra inscrita en el Registro de Asociaciones Internacionales y cuenta con inventores no sólo de España, sino también de países como Cuba, Argentina o Chile, entre otros.
El presidente de la Asociación, Mariano Miguel Caballero, define a los inventores como “unos genios benefactores de la sociedad” que se encargan de “resolver los problemas y que nos hacen al resto de los humanos la vida más sencilla”. Y como tal, la asociación se creó para apoyar a todos ellos y promover sus creaciones y acercarlas a la sociedad.
argentina, canariasY es que, los inventos surgen “a raíz de una necesidad”, aunque después de tener la idea, que no es ni mucho menos lo más complicado, llega el paso más difícil, que es el de la comercialización de ese producto, momento en el que será la sociedad quien decida sin un objeto desconocido se convierte en una auténtica revolución, como ha ocurrido con otros muchos casos, novedosos en su día y que hoy son parte cotidiana de nuestras vidas.
Los miembros de la asociación han elaborado hasta el momento numerosos inventos y muy válidos. María Soledad Barreiro, argentina pero residente en Canarias, por ejemplo, inventó un protector de sudor, un desodorante que se pega a la ropa y que evita que la prenda pueda estropearse como consecuencia de las manchas de sudor. Uno de los que más éxito ha tenido y “se ha vendido como churros”, dice el presidente de la asociación, ha sido el ‘Chiflaton’ un silbato de un tamaño algo mayor al que estamos acostumbrados a ver y que se ha convertido en habitual en concentraciones deportivas o en manifestaciones. Sus inventores son Lorenzo Otero e Iluminada Crespo, residentes en la localidad leonesa de Santa María del Páramo.
También se ha pensado en un colocalentillas, un invento creado también por un residente en la provincia de León, concretamente en Ponferrada, Nicolás Sobrín, en lo que es un sistema de colocación de las lentes que impide que los dedos las toquen, proporcionando así una higiene completa.
Y ¿quién no ha visto los barrotes que constituyen las estructuras de los andamios, cuando se encuentran desmontados, almacenados en un contenedor similar a una jaula en las bases de las obras? Se trata de un invento de Alejandro Berdejo, quien ideó cinco modelos diferentes de jaulas para almacenas las piezas de los andamios europeos. ¿Y los cascanueces manuales, consistentes en un recipiente donde se meten los frutos secos y que, al girar una tuerca, aprieta el fruto hasta aplastarlo y poder recogerlo? Está presente en prácticamente todas las ferias de artesanía de nuestras ciudades, y por supuesto que tiene un creador. Se trata de Luis Gasulla, valenciano de nacimiento y residente en León.
Son tan sólo algunos ejemplos, aunque existen muchos más, como el potro hidráulico manual, un dispositivo para la extracción de fluidos en superficies acuáticas o un sistema de ahorro en agua. Además, los inventos adecuan a los tiempos y se dirigen especialmente al mundo de las energías renovables y a la sostenibilidad, por ejemplo se está desarrollando una estación de servicio sostenible para evitar los efectos de las filtraciones de combustible en la tierra.
Los pasos para tener un invento
El primer paso para convertirse en inventor es tener una idea, pero sobre todo, atreverse y desear patentarla, un paso fundamental para que el invento sea reconocido como tal. Después de la pertinente memoria, la patente es el derecho exclusivo que el Estado concede al inventor a cambio de que éste ofrezca a la sociedad el resultado de su investigación y de su trabajo. La solicitud de la patente se publica a los 18 meses, momento en el que deja de ser secreta para pasar al estado de público conocimiento. Ese derecho exclusivo tiene una duración de 20 años, en los que el titular puede impedir que terceros exploten su invento, por ejemplo aprovechando mejoras en él.
En algunos casos el aspecto económico se presenta como un obstáculo, porque en ocasiones hay que realizar inversiones importantes para comercializar el producto que se ha ideado, lo que ha hecho que más de un inventor haya hipotecado parte o la totalidad de su patrimonio para intentar sacar adelante su invento. Tampoco las grandes multinacionales lo ponen fácil, porque o bien resulta difícil que reciben las novedades o aprovechan las presentaciones para copiar ese invento. Su poder, a pesar de que una persona disponga de una propiedad del invento, hace casi imposible superar a la empresa en los procesos penales, de las que habitualmente sale perjudicado el propio inventor.
También la crisis afecta a este sector, y es que, las empresas se han hecho mucho más selectivas en los últimos tiempos, por lo que hasta el 89 por ciento de los inventos de los que dispone la asociación han tenido que salir adelante con el patrimonio de los propios asociados. Lo que no está en crisis es la imaginación de los inventores, que está en pleno apogeo y que seguirá dando a los ciudadanos más de una alegría.
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