Desde que apareció el concepto del cine, con sus rudimentarias formas de grabación, edición y emisión, hasta las técnicas y fórmulas para visionar pelÃculas en la gran pantalla que tenemos en la actualidad, han sido muchos los inventos e innovaciones que se han ido produciendo.
Y es que la historia del cine es extensa y compleja. 1824 es el año en el que se iniciaron los experimentos para emitir imágenes en movimiento a través de la difusión de una sucesión de diapositivas dibujadas a mano.
Dos siglos después podemos disfrutar de sofisticadas pelÃculas de animación realizadas con innovadoras técnicas informáticas. Las imágenes hablan por sà mismas de la evolución que ha experimentado el sector.
Dentro de los sistemas de proyección que tenemos hoy en dÃa, la tecnologÃa 3D está cobrando fuerza dentro de la industria productora y emisora, asà como entre los espectadores.
Una perspectiva diferente
El motivo de este crecimiento es que las sensaciones que genera entre el público son mucho más intensas. El espectador percibe las imágenes como si fuera un personaje más del filme. La mejora en las tecnologÃas de visionado está haciendo el resto.
La forma de conseguir este efecto es simular una imagen estereocópica, que es la encargada de dar al espectador la sensación de estar dentro de la pantalla.
Hoy en dÃa, la técnica aplicada es la autoestereoscopia, el sistema que va aparejado a las pantallas 3D y es capaz de transmitir, a cada ojo, una información diferente, lo que da la sensación de profundidad que caracteriza a este tipo de emisiones.
Ésta es la última expresión del cine en tres dimensiones que, al igual que el resto de técnicas cinematográficas, ha experimentado una notable evolución en los últimos años.
Concretamente, la historia del 3D empezó a escribirse en torno a 1890, cuando el fotógrafo William Friese-Green empezó a trabajar con la visión estereoscópica.
Cuando empezamos a oÃr hablar de 3D, todos unÃamos el concepto a aquellas gafas de colores que eran indispensables para poder apreciar la profundidad en las imágenes. Y parece que en esta idea nos habÃamos quedado atascados.
Por ello, quizás el salto más evidente de la evolución en esta industria sea la tecnologÃa que se ha desarrollado para hacer que estas gafas ya no sean necesarias.
El papel que cumplÃan las lentes era que, con ellas puestas, cada ojo veÃa una parte de la pelÃcula, consiguiendo asà la sensación en tres dimensiones.
El modelo se fue perfeccionando y se crearon gafas que tenÃan una polarización vertical en un ojo y horizontal en el otro, con lo que se lograba un efecto más potente que el que se conseguÃa con los colores. No obstante, la técnica no era demasiado cómoda para los espectadores, de manera que se siguió trabajando en otra fórmula mejor.
Autoestereoscopia
Esta solución vendrÃa de la mano de la autoestereoscopia, un invento de Christoph Grossmann con el que se ha puesto fin al engorro de las gafas, porque consigue que la pantalla transmita esa sensación de formar parte de la pelÃcula sin necesidad de que el espectador utilice ningún elemento extra.
TodavÃa queda mucho por hacer y la industria sigue trabajando en perfeccionar las técnicas y producir filmes de este tipo. Al público parece que le interesa el modelo, de ahà que cada vez haya más salas dotadas con la tecnologÃa necesaria para la emisión en 3D y se presenten en el mercado nuevas pelÃculas, cada vez más espectaculares, capaces de introducir a los espectadores en el corazón de sus historias.
