A pesar de que todavÃa no ha cumplido los treinta, él aúna toda esta formación en su currÃculo, y ha cumplido el objetivo que perseguÃa.
Empresas como Tiba Medical Inc. han licenciado (alquilado) sus patentes y Philips incorporó uno de sus inventos para comercializar monitores con un sistema de predicción de respuesta a la terapia de fluidos que se utilizan en estos momentos en unidades de cuidados intensivos de hospitales estadounidenses.
En la actualidad, Aboy trabaja en el diseño de un nuevo dispositivo, “similar a un reloj”, para controlar a pacientes con Parkinson. Llegará al mercado en enero de 2010 y, entre sus utilidades, permitirá detectar temblores, determinar los efectos secundarios de los tratamientos y personalizarlos.
La trayectoria de este profesional de 29 años y natural de Vilaboa (Pontevedra) ha sido vertiginosa. Es Doctor Ingeniero de Telecomunicación por la Universidad de Vigo, pero durante los años de carrera vivió a caballo entre Galicia y Portland, donde comenzó a publicar artÃculos cientÃficos con sólo 18 años y también se licenció en Ciencias FÃsicas y Matemáticas, se tituló como Ingeniero Eléctrico y obtuvo el Máster en IngenierÃa Electrónica e Informática.
Desde 2005 está asentado en EE UU y reparte sus horas de trabajo como catedrático en la Universidad Politécnica de Oregón y en el programa de doctorado de IngenierÃa Biomédica en la Facultad de Medicina OHSU, la segunda en el ranking del paÃs. También colabora con otros centros norteamericanos y varias universidades españolas, entre ellas la viguesa, en la que imparte cursos de doctorado y trabaja con investigadores como Ramón Hermida y José Ramón Fernández.
Aboy, autor de más de ochenta artÃculos publicados en revistas punteras y miembro de la Sociedad Nacional de Investigación de EE UU, asegura que la patente resulta muy importante para que una empresa apueste por transformar una idea en un producto real.
Normalmente, los investigadores dejan este cometido en manos de expertos, pero el ingeniero gallego decidió añadir esta formación a su vasto currÃculo. Cursó estudios sobre derecho de la propiedad industrial y de patentes en Berkeley y superó las durÃsimas pruebas para licenciarse como agente y poder ejercer ante la Oficina de EE UU. Uno de los requisitos era disponer del permiso de residencia permanente, que él consiguió como una recompensa a su trabajo en la categorÃa de Habilidad CientÃfica Extraordinaria-Interés Nacional.
Clientes gallegos
No contento con esto, se preparó en alta dirección en el Massachusetts Institute of Tecnology (MIT) y está finalizando un MBA en la Universidad de Londres. Además ha creado en Portland su propio bufete especializado en derecho de propiedad industrial y, entre sus clientes, se encuentran algunos expertos gallegos y centros como el Gradiant, radicado en el campus vigués.
“En Vigo hay talento e ideas buenÃsimas, pero sin patentes no siempre pueden transformarse en inversiones ni dar lugar a empresas con ventajas competitivas que generen empleo local. Que una empresa estadounidense licencie una patente ayuda a llevar dinero de vuelta a Galicia”, destaca.
Éste es el paso que todavÃa no se ha dado en nuestro paÃs: “Con una plantilla de profesorado aproximadamente igual en tamaño a la de Vigo, la Universidad de Stanford recibe más de cien millones de dólares anuales por licenciar sus patentes. Esta cantidad es superior a todas las universidades españolas en su conjunto”.
Aboy, casado con otra ingeniera pontevedresa, admite que, cuando mira atrás, las horas de trabajo invertidas no le parecen “ni normales ni razonables” y aunque vive a un “ritmo bastante fuerte” asegura llevarlo bien, porque es el que él mismo se marca. Tanto, que, aunque parezca increÃble, sus premios cientÃficos comparten las estanterÃas con trofeos deportivos como el Campeonato de Taekwondo del Estado de Oregón.
Para que las ideas fluyan, despeja la mente viajando, esquiando, leyendo y blogueando. En diciembre cambia la lluvia de Portland, “muy parecida a Galicia”, por el sol del Cabo San Lucas, en Baja California, y las vacaciones de Semana Santa y verano las aprovecha para visitar a la familia en Vilaboa.
Edit. http://www.farodevigo.es

biomédica. Mateo Aboy lo intentó primero como investigador, pero se encontró con que lograr que un invento se tradujese en un producto real requerÃa ir un paso más allá: la innovación. Un concepto “empresarial y social” que implica la transformación de los resultados y en el que entran en juego no sólo los conocimientos técnicos, sino también el derecho de la propiedad industrial y las ciencias empresariales.