Genio: capacidad mental extraordinaria para crear o inventar cosas nuevas y admirables. La palabra define lo que fue Leonardo da Vinci: inventor, filósofo, pintor, científico, ingeniero, escultor, anatomista, biólogo, músico y arquitecto.
Esta exposición, en Bogotá hasta el 22 de noviembre, reúne, en 12 salas temáticas, 150 réplicas de tamaño real y piezas interactivas.
Ha sido vista en más de 50 países por millones de espectadores.
El recorrido inicia en la Sala de Códices. Da Vinci nunca publicó sus dibujos y la mayoría de sus inventos jamás llegaron a ser terminados, sin embargo y como homenaje a su natalicio 550, en el año 2002 artesanos florentinos diseñaron a escala real, gracias a los cuadernos del maestro, máquinas e inventos del genio, basándose en sus principios de física y robótica.
Se dice que sólo ocho mil de las 24 mil páginas que dejó se han analizado, debido a la complejidad de sus ideas.
Asimismo, reprodujeron y dieron nitidez a dibujos diversos en los que se destacan la anatomía de los cuerpos y pinturas como La última cena, reconocida por su belleza y el halo de misterio que ha venido arrastrando.
SE ADELANTÓ A TODOS
“El culmen del conocimiento no es el saber, sino la práctica”, con esta frase, el creador nos muestra, en las diferentes salas, su tenacidad en el estudio de la física y principios mecánicos: rodamientos y pistones, pesos y poleas, con inventos tan trascendentales como la grúa, la rueda dental y la conjunción de éstas: el primer carro autómata.
En la sala de anatomía sorprende el acierto en sus dibujos, ya que, se dice, disecaba cuerpos y los dibujaba en seis posiciones diferentes.
Gracias a su obsesión por la circulación y la anatomía, fue el primero en reconocer la arterioesclerosis, así como en reconocer la rótula.
La exposición parece un museo de creatividad compartida por decenas de sabios, sin embargo fue un sólo hombre quien se cuestionó tantas cosas.
En la sala de inventos a gran escala se aprecian armas como la catapulta, el tanque de guerra y la metralleta multidireccional, entre otras.
Muchos de estos inventos fueron perfeccionados por él, pues, aunque nunca fue amante de la las guerras, su capacidad de creación llegó a tal punto que prevaleció su afán por descubrir.
“El camino de la búsqueda es único y no la contundencia del resultado, eso pensaba el sabio, es por eso que nunca tuvo el éxito merecido, no le importaba”, afirma Leonardo Venegas, vocero de la exposición y crítico de arte.
Máquinas de toda índole, como el odómetro (aparato para marcar los pasos), la escafandra (aparato para sumergirse), el paracaídas, el barco de doble casco o el submarino, son tan sólo unos ejemplos de todo lo que encierra esta reveladora exposición, un canto a la existencia del que está reconocido como el hombre más sabio de todos los tiempos.

