La tradición estadounidense de experimentar y cacharrear con la tecnología —que dio lugar a inventos como el teléfono y la computadora de Apple— está de vuelta, impulsada por un renovado interés en trabajos manuales como consecuencia de la crisis económica y el abaratamiento de los materiales y las herramientas tecnológicas.
La fresadora moderna, capaz de moldear el metal con gran precisión, revolucionó la industria. Blake Sessions, un estudiante de tercer año del Instituto Tecnológico de Massachusetts, tiene una.
Sessions ha estado utilizando la fresadora para hacer prototipos para un negocio de piñones de bicicleta que está desarrollando. Atornilla una pieza de chapa de aluminio, se dirige a su escritorio y, desde su computadora, pone en marcha la máquina.
“Es un poco ridículo que tenga esto”, admite Sessions, de 20 años. Pero “en el mercado de hoy, no puedes ofrecer sólo capacidad técnica. Debes presentar algo más”.
Los nuevos inventores, que ocupan un lugar entre el aula de artes industriales y el laboratorio informático, están desarrollando desde aparatos que envían mensajes por Twitter sobre cuánta cerveza queda en un barril hasta robots que asisten a doctores. La experimentación incluso está creando empresas. Debido a que la innovación es uno de los factores principales que impulsan el crecimiento económico, y a que ahora las empresas reducen sus gastos en investigación y desarrollo, el matrimonio de cerebros y músculos ofrece un rayo de esperanza.
Las escuelas de ingeniería a lo largo de Estados Unidos reportan que los estudiantes muestran un entusiasmo por los trabajos manuales que no se ha visto en muchos años. En todo el país están apareciendo talleres donde la gente comparte herramientas e ideas (conocidos como hackerspaces). SparkFun Electronics Inc., que vende partes electrónicas a estos inventores aficionados, proyecta unos US$10 millones en ventas este año, comparado con US$6 millones en 2008. La revista Make, que publica artículos sobre la construcción desde tinas calientes solares a pilotos automáticos para robots, ha crecido de 22.000 suscriptores en 2005 a más de 100.000 en la actualidad. Su feria anual Maker Faire en San Mateo, California, atrajo este año a 75.000 personas.
“Hemos tenido esta fusión de ‘hágalo usted mismo’ con la tecnología”, señala Bre Bettis, cofundadora de NYC Registor, uno de los primeros hackerspaces, en Brooklyn, Nueva York. “Lo llamo la Revolución Industrial 2″.
Alex Welsh para The Wall Street JournalEn los ‘hackerspaces’, la gente comparte herramientas e ideas innovadoras.La crisis financiera ha jugado un papel clave en darle urgencia a esta tendencia naciente, dice Michael Cima, un profesor de ingeniería de MIT. “He estado aquí 23 años y definitivamente veo cómo los trabajos manuales están otra vez de moda”, dice. “Mucha gente está decepcionada con la idea de una carrera en finanzas y busca una alternativa real”.
Las herramientas para cacharrear se vuelven más accesibles. Las herramientas de Control Numérico por Computador (o CNC, por sus siglas en inglés), que cortan metal y otros materiales en cualquier forma vía una computadora conectada, ahora cuestan sólo una décima parte de lo que costaban hace 10 años.
Sessions, el estudiante de MIT, ve su negocio de piñones de bicicleta como un trampolín para desarrollar productos más complejos, como un aparato para mejorar la movilidad para las personas con artritis.
La historia de la innovación en EE.UU. está llena de ejemplos de inventores que empezaron con nada pero que terminaron con grandes ideas, afirma Naomi Lamoreaux, profesora de historia económica de la Universidad de California, en Los Ángeles. “Las épocas realmente dinámicas de la historia son aquellas en las que hay mucha gente común y corriente que piensa que tiene una oportunidad de cambiar las cosas”.
A lo largo de gran parte del siglo pasado, no obstante, desarrollar nuevos productos requería herramientas cada vez más complejas y caras que estaban fuera del alcance de la mayoría de las personas. Los hermanos Wright construyeron un avión en su taller de bicicletas, pero la primera aeronave con motor a reacción fue fabricada en laboratorios corporativos y estatales bien respaldados financieramente. Como resultado, las grandes empresas pasaron a dominar la innovación.
Esa tendencia fue interrumpida en la década de los 90, cuando las computadoras de bajo costo permitieron a las pequeñas empresas de Internet y software competir con los gigantes. Pero a la hora de lanzar productos físicos innovadores, la mayoría de los inventores aficionados no podía permitirse los altos precios de las herramientas y materiales de alta tecnología.
Erik Kauppi, un miembro de 49 años de A2 MechShop, un taller de Michigan donde los inventores amateurs comparten sus herramientas, desarrolló en su taller un scooter eléctrico que actualmente se encuentra en producción. Su empresa, Current Motor Co., de Scio Township, Michigan, planea empezar a vender su scooter este mes, a un precio inicial de US$5.500.
Hasta los años 50, los economistas pensaban que la velocidad a la que crecía la economía dependía en gran parte de la cantidad de dinero que se invertía y las horas de trabajo que se dedicaban. Pero en un estudio de 1957 que luego lo hizo merecedor de un premio Nobel, el economista del MIT Robert Solow demostró que el capital y el trabajo sólo representaban la mitad del crecimiento. El resto lo atribuía a la innovación, un área en el que EE.UU. juega con ventaja desde hace tiempo.
Sin embargo, en los últimos años, el gasto de EE.UU. en investigación y desarrollo ha hecho que algunos economistas se preocupen de que la innovación ya no les vaya a dar el empujón de siempre. La inversión en I+D cayó a un promedio de 2,6% anual entre 2000 y 20007, frente a un promedio de 6% en los 80 y 90, según las cifras más recientes de la Fundación Nacional de Ciencia de EE.UU.
Los directores financieros encuestados en septiembre por la Escuela de Negocios Fuqua, de la Universidad de Duke, y la revista CFO dijeron que esperan que el gasto en I+D de sus compañías se expanda en apenas 0,4% en el próximo año. Los proyectos de cacharreo representan innovación que no se incluye en estas cifras.
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