Javier Fernández-Han es el científico de moda en el mundo con apenas 15 años. Se muestra convencido de que su idea saldrá adelante y de que es posible acabar con el hambre en el mundo.
Diseñada la idea, y con el aplauso generalizado de la comunidad científica internacional, la pregunta obvia es saber cuándo será posible ver el primer mecanismo operando en algún punto de África o Asia. Durante su estancia en San Sebastián, Javier explica a DV que el sistema está en su fase de anteproyecto, por lo que si todo sigue los cauces y ritmos habituales, el primer ‘Versatile’ podría salir al mercado «dentro de unos cinco años». Tímido y modesto, considera que su invento «no acabará el sólo con el hambre en el mundo», pero sí admite que «contribuirá a paliar la hambruna y la miseria en algunas comunidades». «Con el esfuerzo e interés de muchos, claro que es posible evitar que haya gente que se muera de inanición», señala.
Afirma que los primeros efectos que notará una familia o comunidad que utilice su idea serán «la posibilidad de obtener comida a través de residuos», «más calidad ambiental debido a la reducción de aire contaminado», dado que ‘Versatile’ genera oxígeno limpio; la posibilidad de tener luz de noche, al generarse electricidad capaz de alimentar una bombilla; más tiempo para estudiar o trabajar, ya que se eliminará tiempo buscando madera como combustible, ya que ‘Versatile’ produce metano; e incluso potenciales negocios lucrativos, puesto que «la biomasa de algas es muy apreciada por las industrias farmacéutica y cosmética, que llegan a pagar por ella hasta 10.000 dólares por kilo».
Abrumado por su repentina fama, aclara que es consciente de que le queda «muchísimo por aprender» y que su intención es «seguir inventando», cuestión que sigue considerando su «gran afición». Recuerda que su primer invento fue una cola casera para pegar unas zapatillas que se le habían roto. Apenas contaba tres o cuatro años.
Su madre recuerda con especial cariño que «una vez se le cayó al suelo un zumo de naranja. Cuando le ordené limpiarlo, desapareció y volvió a los pocos minutos con un mecano hecho con fichas de Lego al que le había acoplado un motor y una esponja. Todo un robot limpiador diseñado por un niño en edad preescolar», remarca.
Ester destaca la capacidad de su hijo para «arreglar todo lo que se estropea en casa» y para «encontrar soluciones ingeniosas a problemas concretos». Como cuando «al ver que su hermano pequeño no llegaba al interruptor de la luz y la dejaba encendida cuando salía de la habitación, echó un alambre del pomo de la puerta al interruptor, de modo que cada vez que sales del cuarto, la luz se apaga, y se enciende cuando entras».
Amante de la Física
De todas las materias, la Física es la que más le atrae. «Es fascinante aprender nuevos conceptos que te permiten entender mejor cómo funciona el mundo y gracias a los cuales puedes desarrollar proyectos y mejorar los que ya has diseñado». En estos momentos está especialmente enfrascado en todo lo relacionado con la energía y la velocidad.
Su ídolo no es ningún deportista, cantante o actor. Es un profesor de la Universidad de Berkeley de origen indio llamado Ashok Gadjil, conocido también por sus múltiples inventos aplicables al Tercer Mundo, como un dispositivo de purificación del agua mediante rayos ultravioleta. Javier descubrió el trabajo de Gadjil en 2003 en una exposición en el Museo de Boston. «Guardo en mi habitación un autógrafo suyo que me sirve de inspiración».
-¿Cuál fue el primer libro que leíste? ¿A qué edad?
-A los tres años. Uno de ‘Curious George’, un personaje infantil muy popular en EE UU.
-¿Qué libro estás leyendo ahora?
-’Guerra y paz’. Es la segunda vez que lo leo.
-¿Cuál fue tu primer invento?
-También con 3-4 años. Un especie de cola casera para arreglarme unas zapatillas rotas.
-¿Alguien a quien admiras?
-El inventor Ashok Gadjil.
-¿Tu comida favorita?
-Asiática e india.
-Una película…
-Star Trek.
- Tus aficiones…
- Inventar. También montar en bici y jugar a tenis
-¿Qué quieres ser de mayor?
-Me gustaría estudiar Ingeniería Mecánica en la Universidad de Stanford.
