El 9 de diciembre de 1989, Camilo José Cela recogió su Nobel de literatura en Estocolmo. HOY dedicó su portada a este galardón para las letras españolas. Sin embargo, el autor de ‘La familia de Pascual Duarte’ tuvo que compartir protagonismo en primera plana con otro premiado, Mariano Romero. Ese mismo dÃa, este mecánico cacereño habÃa logrado la medalla de oro en el Salón de Invenciones Mundiales de Bruselas.
Dos décadas después, su invento, un neumático que avisa cuando está desgastado, no se fabrica porque su creador no ha conseguido la colaboración de las grandes empresas. Sin embargo, Romero sigue investigando.
Hace años que dejó el mundo del caucho. Su hijo Javier, sin embargo, ha seguido los pasos de su padre y tiene un taller de neumáticos en Cáceres. Mientras, Mariano no se ha jubilado, sino que ha creado una nueva empresa que hace estudios forestales. Su próximo reto, encontrar nuevas formas de cultivo. El rasgo de investigador de este hombre surgió en su infancia. Recuerda con una gran sonrisa cómo desmontaba motos y coches porque necesitaba averiguar cómo funcionaban. «Cuando me meto en algo, me gusta saberlo todo», explica.
Su curiosidad podrÃa haberle hecho investigar en cualquier sector pero la vida le llevó a trabajar a un taller de neumáticos, asà que el caucho se convirtió en su pasión. Años después, montó su propia empresa y empezó a buscar ideas para crear un nuevo neumático. Su objetivo, que fuese más seguro.
«He visto muchas veces a clientes llegar al taller para mirar el nivel de aceite y no son conscientes de que su coche llevaba las ruedas con los alambres fuera. Eso es peligrosÃsimo». Por ello, Mariano Romero diseñó un neumático que incluye una franja blanca. Este sistema complejo marca cuando el caucho está desgastado cambiando de color y también avisa si la rueda está deshinchada o presenta otro tipo de problema. Con su invento bajo el brazo, Mariano llegó hasta Bruselas, al Salón de Invenciones Mundiales. «Fueron ocho dÃas muy duros. HabÃa muchÃsima gente y todos te preguntaban por el neumático. Lleve una explicación en francés, otra en inglés y otra en castellano y no hacÃan otra cosa que pedÃrmelo en otros idiomas», recuerda este cacereño.
En cuanto a la competencia, el mecánico explica que habÃa cosas muy impresionantes pero también inventos sin sentido. Uno de los que más recuerda es el de otro español que presentó ese mismo año las zapatillas de papel de usar y tirar. «No ganó, pero ese se ha hecho rico seguro al vendérselas a los hoteles», dice Mariano con sorna.
Al fin, llegó el gran momento y este cacereño levantó la medalla de oro del Salón. Fue un gran reconocimiento que actualmente adorna su despacho. Sin embargo, el cariño que recibió al volver tampoco se le ha olvidado. Junto a la medalla conserva los recortes en los que HOY narraba su hazaña.
Tras el premio, este cacereño inició todo un periplo para conseguir que se fabricase su neumático pero no logró la colaboración de las multinacionales. Hoy en dÃa, conserva la patente y aún tiene esperanza. «Si yo hubiese sido catedrático de una universidad en lugar de mecánico, esto hubiese ido para adelante. Es una pena porque es un invento que hubiese salvado muchas vidas». Mariano no es catedrático. Ni falta que le hace, él es inventor.
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