A Pedro José Barrero nadie le regala nada; tampoco le hace falta: lo inventa él. Porque este burgalés pertenece a ese reducido grupo de personas que son incapaces de mantener sujeta la mente y prefiere dar vueltas a una idea. Y de esa imagen extraer un esbozo sobre el que trabajar hasta diseñar un aparato o un sistema con utilidad.
También un hecho luctuoso sirve a quienes manejan la imaginación para crear. Del encierro durante dos dÃas de un guarda jurado en uno de los ascensores de una conocida entidad de ahorros de Burgos surgió el invento que hace la vida mucho más cómoda a los claustrofóbicos; sobre todo si viven a partir de un tercer piso.
Pedro José Barrero diseñaba a partir de ese incidente, hace casi dos décadas, un sistema que facilita la comunicación desde el interior de un ascensor con una central avisos. Un invento que fue Premio Internacional concedido en el Salón Mundial de la Invención de Bruselas y un sistema que, desde 1995, es de instalación obligatoria en todos los ascensores europeos.
Este burgalés, que tiene como frase de cabecera la pronunciada por Albert Einstein cuando dijo que «en los momentos de crisis sólo la creatividad es más importante que el conocimiento», no ha parado desde entonces de crear. Una actividad que, al contrario de lo que pueda pensarse, plantea muchas más dificultades que facilidades.
«Hay miedo», señala Barrero -un ingeniero mecánico al que siempre le ha subyugado la ciencia-, «a las inversiones en ideas nuevas y se prefiere eso de que inventen ellos». La frase que se atribuye a Miguel de Unamuno resume, al menos en su versión más extrema, la situación de quienes prefieren la originalidad al método; de aquellos que nada temen a lo desconocido.
Barrero atiende su empresa, vinculada con los riesgos laborales, trabaja en sus creaciones y duerme siete horas diarias. «Es cuestión de organizarse», responde cuando se le pregunta por cómo se optimiza el tiempo para atender tanto a la obligación como a la devoción. Por ese esfuerzo, y el de otros creativos burgaleses, pide a las empresas que sean «más valientes», que «confÃen» en propuestas nuevas.
No es Investigación más Desarrollo más innovación, esa fórmula mágica que se conoce como I+D+i, ya que producir en serie uno de los inventos de Barrero debe afrontarse desde cero hacia el cien, y entender la centena como el fin del proceso, aunque sólo a medias.
Una de las creaciones que han desarrollado todo el proceso es la jardinera con riego electrónico. Una patente que, Barrero, generoso, ha cedido a la Fundación Lesmes junto con doscientos equipos para su montaje y venta posterior. Una cesión a pesar de que este invento ejemplifica las dificultades y las inversiones que un creador debe afrontar desde que tiene la idea hasta que hay un prototipo que funciona.
«Se gasta mucho dinero en el desarrollo de las ideas», subraya. Crear el corazón de esta jardinera con riego electrónico -que ahorra agua y mantiene las plantas en un estado óptimo gracias a un sensor que detecta la necesidad de riego al analizar diversos parámetros de la tierra del tiesto- supuso invertir alrededor de 12.000 euros en la compra de los componentes electrónicos necesarios para fabricar el aparato que rige todo el proceso.
El suministro de algunos de estos componentes le llega desde Estado Unidos o China. Montar el puzzle para lograr que la imagen creada en la mente se convierta en algo fÃsico es una tarea en la que prima más el prueba-error-prueba que el acierto a la primera.
Barrero insiste en que una mayor atención hacia las creaciones de quienes desarrollan ideas como las suyas «ayuda a crear y también a mantener puestos de trabajo». Otra dificultad es configurar la cadena productiva para que fabricar el producto sea rentable. Y cada invento, en el caso de Barrero, tiene caracterÃsticas muy diferentes. No es lo mismo una jardinera electrónica que la barrera para compartimentar a los fumadores de los no fumadores o el sistema para evaluar el consumo energético de un trabajador.
Las redes de comercialización es otro de los grandes escollos a los que se enfrentan estos creadores. «Lo más difÃcil es vender el producto», reconoce Barrero. La solución es entrar en una red comercial que venda y distribuya esas creaciones dentro de un amplio catálogo con otros productos. «El sistema comercial español es muy raro», asevera, «y hay demasiados intermediarios». En una palabra: que es muy difÃcil recuperar la inversión necesaria en manufacturar el invento. Y eso que las ideas son, a la postre, gratis.
