Los grabados que sobreviven de la Batalla de Anghiari, comisionada por la Seren铆sima a Leonardo Da Vinci para el Sal贸n de los Quinientos, en 1505, muestran la fuerza noble y bruta de ese choque frontal de caballos y hombres.
Rubens se inspir贸 en esa composici贸n para uno de sus cuadros de guerra. Leonardo odiaba pintar al fresco, que es una t茅cnica r谩pida de aplicar la pintura sobre el yeso h煤medo, que no acepta reflexiones ni correcciones. As铆 que decidi贸 experimentar. Innovar, como se dice ahora, es decir, aplicar una invenci贸n propia o ajena a la pr谩ctica, para crear un nuevo producto o un nuevo procedimiento mejor que el anterior. Esa mente extraordinariamente superior decidi贸 utilizar el encausto, que es una manera de trabajar al fresco muy h煤medo, lo que le da tiempo al pintor, y luego secarlo al calor. Pero los hornillos de carb贸n s贸lo secaron la parte inferior de la enorme pintura y pronto la parte superior empez贸 a caerse a pedazos. Quienes alcanzaron a ver la pintura terminada se maravillaron, pero termin贸 desapareciendo. Hoy hay quienes creen que sus restos est谩n debajo de alg煤n fresco de Vasari, en el monumental sal贸n veneciano.
No le hab铆a ido mejor al innovador a帽os antes, en 1495, cuando pint贸 la 脷ltima Cena, en el refrectorio del convento dominico de Santa Mar铆a de las Gracias, para los Visconti, en la afueras de Mil谩n. Hab铆a hecho algo peor para evitar el uso de la t茅cnica del fresco: pint贸 al 贸leo y al temple sobre el yeso seco. La pintura, que seg煤n todos los entendidos es la m谩s perfecta jam谩s pintada desde el punto de vista de su composici贸n formal, que entierra para siempre todo rastro del arte bizantino en la pintura occidental, empez贸 a caerse a pedazos tan r谩pido como la Batalla de Anghiari. Hoy su sombra desva铆da nos recuerda las consecuencias de esa equivocaci贸n.
Mucho mejor le fue cuando utiliz贸 la t茅cnica convencional del 贸leo, en la cual excedi贸 todas las excelencias y dej贸 pocas, pero maravillosas pinturas que innovaron de modo radical la manera de pintar en boga. La Mona Lisa, retrato de una joven florentina que lo acompa帽贸 toda su vida y del cual, a pesar de haber sido una obra de encargo, jam谩s se desprendi贸, resume la mezcla de habilidad, inspiraci贸n y genio, para captar para siempre ese misterio insondable que es la sonrisa de una mujer.
Como ingeniero y arquitecto su imaginaci贸n no conoci贸 l铆mites. Su idea era dominar con su ingenio los tres elementos: el aire, el agua y la tierra. Asuntos como la h茅lice, el paraca铆das, el traje de buzo, la bicicleta, el autom贸vil, ocuparon su mente con inventos. Pero pocos de ellos se convirtieron en innovaciones, por una raz贸n simple: la idea no se ajustaba a los recursos t茅cnicos disponibles. Innov贸 donde era posible: en la cocina de los M茅dicis, en las m谩quinas de guerra de los Visconti, en las fiestas de los Papas. Secretamente, en clave, a espaldas de los poderosos, echaba a volar su imaginaci贸n, porque al final primero se inventa y a su debido tiempo se innova.
La magn铆fica exposici贸n sobre Da Vinci que actualmente presenta en Cali el Museo La Tertulia, enfocada en la reconstrucci贸n que de las m谩quinas inventadas por Leonardo han hecho artesanos florentinos con las t茅cnicas del Siglo XVI, da una idea de la riqueza del poder de esa mente, como no se ha visto otra igual. El mundo moderno las convirti贸 en innovaciones de todo g茅nero. Desde el fondo de los siglos, Leonardo, con sus aciertos y sus errores, debe estar sonriendo como La Mona Lisa.
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