Uno de los deportes favoritos de los articulistas cuando empieza el nuevo año es buscar en libros de historia que se Celebran centenarios importantes, para poderlos comentar.
Yo ya habÃa descubierto una buena colección -100 años de la Revolución Mexicana, 200 del florero de Llorente, 300 del nacimiento de Luis XV en Francia, 400 del Tribunal de la Inquisición en Cartagena, 500 de la muerte del pintor Sandro Boticelli-cuando hallé es uno de mis favoritos Tratados la siguiente observación acerca de 1910: “Se popularización el fin de semana en Estados Unidos”.
DecÃa week-end, pero como aún no somos del todo una colonia de Estados Unidos (¿o sÃ?) lo llamaré fin de semana. El libro tiene razón: se trata de un invento maravilloso cuyo centenario deberÃamos festejar. ¿Quién inventó el fin de semana? No se sabe. Dios creó el domingo, pero es algo muy diferente. El domingo es una fiesta religiosa para alabar al Señor y lavar el carro. El fin de semana es un concepto. Un concepto que implica un paréntesis de descanso, una microsemana de dos dÃas para reponer fuerzas, cambiar de chip y prepararse para el lunes. El domingo está al servicio de Dios; el fin de semana, al servicio del hombre. Por eso abarca como mÃnimo sábado y domingo. Solo los jefes de personal de los periódicos creen que un domingo equivale a un fin de semana, y por eso los periodistas solemos descansar menos que los demás mortales. Y, es natural, nos equivocamos más.
Con buen criterio, algunos paÃses, empresas y planteles educativos recortan ahora el viernes para que el nuevo fin de semana abarque la tarde del último dÃa laboral y los dos tradicionales de asueto. No falta, incluso, quien propone sumar todo el viernes a la cola de la semana y que, en compensación, se trabaje diez horas durante los demás dÃas. Salvo los periodistas, claro está.
El fin de semana, pues, es uno de los grandes inventos de todos los tiempos, y me encanta saber que en 1910 ya existÃa como institución estable y popular. Hay que celebrarlo.
Lamentablemente, muchos otros grandes inventos carecen de una efeméride que los recuerde. Menciono algunos:
El servicio a las habitaciones. Hace un tiempo le oà decir a Julio Sánchez Cristo que el más importante descubrimiento de la humanidad era el room service (lo dijo en inglés, y temo que también dice week-end), pero es verdad. Sin embargo, no sabemos quién ni cuándo estableció el trasiego de bandejas a los cuartos de hotel, en vez de la obligatoria visita del huésped malhumorado a la cafeterÃa. Por eso es imposible celebrar su aniversario.
El agua caliente. Claro, siempre hubo agua termal, emanada de la tierra. Pero ¿cuál de nuestros lejanÃsimos antepasados inventó aquello de poner el agua frÃa en una hoguera y obtener agua caliente en su cueva? ¿Qué recipiente empleó para hacerlo? ¿Cuándo? Imposible saberlo. Imposible rememorarlo.
El antifaz para dormir. Máscaras y antifaces son antiquÃsimos objetos religiosos. No hablo del antifaz para que no te vean, sino del antifaz para no ver, el que regalan algunas aerolÃneas, el que permite dormir bajo la luz y ahorra ventanas, postigos, cortinas y visillos. ¿Dónde?, ¿cuándo?, ¿quién? No sabe/no contesta/no celebra.
La sal en el huevo. Realizó una hazaña el primer antropopitecus que se comió un huevo, sabiendo de donde provenÃa. Pero quien realmente innovó fue el que le añadió una pizca de sal. En ese momento dejó de ser una hazaña y se volvió delicado alimento.
PodrÃa enunciar otros inventos que han recibido merecido homenaje: la disculpa, la siesta, la diferencia entre los verbos ser y estar, el bigote sin barba, la democrática cola para entrar a cine, el chupo, el abanico…
Temo, sin embargo, que será imposible ubicar autores y fechas de estos grandes aportes al bienestar colectivo. Lo justo serÃa que, a partir de este año, se festeje el DÃa del Inventor Desconocido en un dÃa que determine ese otro gran invento que es la FIFA.
Edit. http://www.eltiempo.com

