Es la fiebre del año. Ni la gripe A ni la gripe B, la gripe D, 3D. Ahora, todas las películas que se precien, deben estrenarse también con una copia en 3D para “molar”.
Y yo me pregunto… ¿para qué?
Hay películas que no necesitan el 3D para impactar (por ejemplo Avatar, te guste o no te guste) o mejor dicho, avasallar. Pero lo usan… como reclamo de taquilla, supongo.
Vienen en 3d: Toy Story 3, Alicia en el País de las Maravillas, Furia de Titanes, Piraña, Dragón, Scar, Viaje mágico a África, Como perros y gatos 2, Viernes 13, Scream 4….
… y no se crean que esto se queda en el extranjero: Torrente 4, también.
Sí, amigos. Segura, que ya no sabe cómo hacer rentable su próxima patochada con el personaje que debió morir en la primera entrega (más que decente), ha decidido recurrir a lo mismo que sus compañeros yankies:
Vender humo.
El 3D me recuerda a la llegada de la televisión (bueno, me recuerda de lo que he leído, claro, yo eso no lo viví…) cuando el mundo del cine entró en pánico. Pensaban que la gente iba a abandonar en masa a las salas (de hecho, bajó la afluencia, por supuesto) y se dedicaron a pensar en que innovaciones tecnológicas podrían ser el paliativo. Ahora pasa lo mismo, con el miedo de “internet” y los DVD’s copiados. Así que entonces ya se inventaron (y dejaron en el olvido):
El Odorama (un cartoncito divido en partes que rascabas cuando en la pantalla aparecía su número y emitía un olor, como de una flor cuando en la pantalla salía la misma) o el “Smell-O-Vision” que perfumaba la sala. Lo guay del odorama es que se usó con una peli de John Watters en los 80, imaginaos lo que había que oler… Juju.

Como el “Cinerama”: Pantallas tochas, en formato mega-panorámico, como de 3 pantallas unidas al lado de otras. Ahí se vieron películas como “La Conquista del Oeste” o “La vuelta al mundo en 80 días”.
O los happenings chunguetes, en los que lanzaban al público cosas para crear efectos. Tipo esqueletos de coña, animales o bichos de plástico, etc… cuando la peli iba por ahí. Incluso pequeñas descargas eléctricas en el asiento (en esto era un maestro William Caste).
O el superado “Sensurround”: Un monton de altavoces en baja frecuencia haciendo a la sala “temblar”. Vamos, como un coche de un tontotunning, pero en cine. Se usó para “Terremoto”.
Y como no, el 3D, que ya estuvo aquí, no tan desarrollado, pero estuvo y le pegó a tope, volviendo cada cierto tiempo. Ahora ya, desde los IMAX, para quedarse.
Todos son inventos que vendían como que iban a “cambiar el rumbo del cine” y no eran más que excusas para cambiar el rumbo del dinero por un fin de semana. Porque, al final, amigos, lo más rentable no es un inventito, es hacer buenas películas.
Si se siguen haciendo bodrios, por mucho que les pongan 3D, serán bodrios. Si se hacen buenas películas, serán buenas tanto en 3D como en 2D. Se lo dice uno que sólo ha visto Up en 2D y está encantadísimo.

Eso sí, me produce curiosidad el último invento del 3d: el porno. Ya lo hablamos varias veces en este blog, pero es que el otro día se estrenaba en Madrid una película porno 3d. Dicen que la primera en europa (Tinto Brass tenía esa ilusión, pobre).
Obviamente, nadie habla de su argumento.
Obviamente, nadie habla de su propuesta morbosa o imaginativa.
Sólo se habla de que un pollón casi te saca un ojo.
Por ahí, vamos mal. El 3D no salva NADA en ningún género.
P.D: En el enlace que he añadido sobre la peli la Dra. Amor sí habla del argumento y de todo eso, que es muy apañada. Pero ya me entendéis. No es lo que trascenderá.

